En verano de 2013 conocimos los primeros datos del Skoda Rapid Spaceback, la apuesta de la marca checa para competir en el segmento de los compactos, el de más volumen de ventas en Europa.

Tradicionalmente, la apuesta de Skoda en ese segmento tenía forma de berlina y se llamaba Skoda Octavia. Con el lanzamiento del Skoda Rapid la marca parecía que seguiría en la línea de carrocerías de sedán, pero ahora han optado por hacer un derivado con portón, con una estética menos conservadora. Su objetivo apunta a conquistar al mercado más joven con un producto práctico a buen precio (si bien hay productos mucho más baratos).
No se trata de un Rapid con carrocería familiar. Es 18 cm más corto, lo que le roba algo de maletero respecto a este, pero sigue siendo uno de los mayores maleteros del segmento. Destaca por la distancia entre ejes, que aporta unas plazas traseras soberbias y las soluciones simply clever, como el rascador de hielo/lupa de aumento en la tapa del depósito de la gasolina o un sitio perfecto para el chaleco de emergencia bajo los asientos.
Cuenta con dos motores de gasolina, los 1.2 TSI de 85 y 105 CV, disponibles con la transmisión manual, mientras que el 1.4 TSI de 122 CV se combina con el cambio DSG de siete marchas. En la oferta diésel cuenta con el 1.6 TDI de 90 CV y el de 105 CV. Puede elegirse entre tres niveles de acabado, Active, Ambition y Elegance. Cuenta con menos opcionales para poder mantener precios atractivos, pero pueden resultar interesantes los tres packs de equipamiento que completan cada acabado.
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